
Por Antonia Fortt, Ingeniera Ambiental de Oceana
A mediados de junio un millar de personas protestaron en Trehuaco, Octava Región, por la instalación de una nueva planta de celulosa en nuestro país. Pese a que este masivo evento fue
escasamente difundido por la prensa, la lucha que están dando los vecinos del valle de Itata debiera interesarnos a todos, pues ya sabemos lo que la producción de celulosa ha significado para los ecosistemas del sur de Chile, patrimonio de todos los chilenos.
Como algunos saben, ya existe una planta operando en Constitución desde el año 1976 (US$386 millones de inversión y mejoras en US$68 millones en el año 1990), existe otra en Arauco hace algunos años y una en Valdivia que comenzó a operar en el año 2004, con una inversión de US$1.200 millones. Todas estas plantas han sido causantes de diversos daños al medio ambiente y a la salud de las personas que viven en los alrededores. La ciudad de Constitución, por ejemplo, ha sido muda testigo de enfermedades respiratorias crónicas entre su población, así como del hundimiento económico de la comuna. La planta de Arauco provocó por su parte la muerte de miles de peces en una vasta zona de crianza, que era el principal recurso económico para cientos de familias de pescadores artesanales.
Finalmente, el caso más emblemático de daños provocados por plantas de celulosa, es la destrucción del Humedal del Río Cruces, debido a los desechos vertidos por la planta Valdivia de la misma empresa. Recordemos que un informe de la Universidad Austral determinó que CELCO era la responsable directa por la muerte de cientos de cisnes y otros animales en el Santuario Carlos Anwandter, una zona supuestamente protegida por el Gobierno.Estamos a pocas semanas de la apertura de una nueva planta de producción de celulosa en Chile y Latinoamérica, la planta Itata, perteneciente a CELCO, con una inversión de US$1.000 millones en sus fases iniciales. La boca del río Itata es una región donde conviven actividades económicas tan diversas como la pesca artesanal, la vitivinicultura, la agricultura y el turismo.
Construir una planta de celulosa está absolutamente en contra la idiosincrasia de la zona. Destruir el agua que riega el valle y que desemboca en la costa significa dañar una de las pocas zonas de crianza de peces que van quedando junto a alrededor de 15.000 puestos de trabajo que la pesca entrega, también significa dañar el santuario Islote y la Lobería Iglesia de Piedra de 250
hectáreas, una zona protegida, hogar de miles de lobos marinos. La ciudadanía no puede darse el lujo de perder las riquezas y belleza de un nuevo valle a causa de las ambiciones de una empresa. Esta vez ya sabemos que CELCO contamina y mata, Itata no debe ser la
próxima víctima.





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